Entradas de Diario de un Policía

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lunes, 22 de febrero de 2016

Entrada XII - ¿Qué ha sucedido en casa del Juez Vera?

Tomamos rápidamente la M30 con las sirenas puestas y acelerando los potentes coches que nos habíamos agenciado, disfrutamos durante un breve espacio de tiempo del placer de circular a altas velocidades por donde la velocidad máxima permitida es excesivamente baja para los vehículos que llevábamos.
En esos momentos sientes que eres importante cuando los chiquillos se paran y te miran pasar mientras tú pones cara de estar por encima del bien y del mal con un pitillo en la comisura de los labios, las gafas de sol a medio caer o mascando un chicle con desgana; condición que se apreciaba especialmente en nuestros jóvenes e impuestos compañeros. En ellos, ese rostro era el de la primera vez: una mirada nítida, una intranquilidad tensa, un nervio palpitando en la comisura de los labios... Yo sabía que ellos - a partir de ese momento – habrían de buscar siempre esa sensación dulce de la primera vez, tal como todos hacemos.
A pesar de los años la seguía buscando como al principio de mi carrera, pero ya había aprendido que solo podría recuperarla en el rostro de los demás, cuando la candidez y la honestidad lo es todo, cuando llegar a casa y contar las aventuras del día es lo esencial de tu trabajo depoli”. Hacía mucho tiempo que no veía rostros como el de Edy y el de Michel, aquel rostro tenso que un día tuve..., y me gustó sentir de nuevo esa sensación.
Salimos de la M30 por la salida que conduce hacia Arturo Soria por un ramal, y hacia la Estación de Chamartín – por el otro  , deteniéndonos en la proximidad del número ZZZ de la calle, nos acercamos a la casa un poco a tientas, preparados para una merienda con relato informativo vacío de contenido, llamamos a la puerta. Nadie abrió.
La casa tenía dos plantas, estaba cercada por un muro blanco, limpio y brillante de dos metros de alto con un pequeño y discreto jardín por dentro muy del estilo de los que hay en esta calle de Madrid a esa altura. Una casa ciertamente imponente que encajaba con el perfil general de Arturo Soria. La casa parecía difícil de abordar desde cualquier otro lugar que no fuera la puerta de rejas metálicas, desde allí se apreciaba el tipo de vivienda equilibrada de que se trataba: una construcción en color blanco con cierres de aluminio del mismo color en las ventanas y cortinas discretas que la hacían intima y recogida hacia su interior; la puerta de madera blanca por la que se accedería al chalé aparecía impoluta y serena como el ambiente que le rodeaba.
Seguimos timbrando con la seguridad de que el juez nos esperaba en el interior de la casa, pues antes de salir de la Central habíamos llamado para quedar en firme con él. Esperamos el tiempo de rigor mirando de vez en cuando a ver si aparecía su automóvil por algún lugar como consecuencia de algún retraso impredecible.
  • Nené, esto es extraño. Entra y ábrenos que aquí pasa algo raro. - Le dije tras la tensa espera. Una situación tan tranquila como extraña que me hacía sospechar lo peor - Demasiada calma... - farfullaba en bajo mientras desabrochaba el botón de la funda de mi pistola.
  • No tenemos orden judicial. – Replicó Michel con gesto preocupado ante mi mirada impávida y los retadores ojos de Nené.
  • Lo que haya ocurrido, si es que ha ocurrido algo, ha pasado en estos veinte o treinta minutos últimos; esta tranquilidad no es normal. Si no ha sucedido nada, te aseguro que el juez no lo tendrá en cuenta..., en esta circunstancia sería la mejor de nuestras posibilidades y nosotros tenermos que ponernos siempre en lo peor. Así que no me jodas con un rigor absurdo de oficina, - le dije displicente a Michel - y entra de una puta vez, Nené.
Nené saltó con cierta facilidad tras la ayuda prestada por Michel y Edy. Su enorme corpachón ascendió con ligereza por el muro y se apoyó en la zona alta superando el obstáculo por una zona discreta. Esperamos un poco, el tiempo necesario y, a los cinco minutos se abrió la puerta enrejada tras el sonido de una apertura automática.
Entramos en el jardín y después en la casa que franqueaba Nené. Su rostro lívido, de piel traslúcida informaba de lo certera de mi premonición. Lo que había visto le había desencajado su rostro. Balbuceaba nervioso como si hubiera tenido su primera experiencia con un horrendo crimen...




Continuará


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