Entradas de Diario de un Policía

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miércoles, 24 de febrero de 2016

Entrada XIII - Un muerto en el despacho del Juez Vera

  • No te va a gustar lo que vas a ver. - Acertó a decir después de un incómodo lapso de tiempo en el que yo le miraba expectante y él me miraba recuperando el pulso y la sensación de calor en un cuerpo congelado por la desagradable impresión.
  • Coño, Nené..., ¡que no eres un novato! - Me lo saqué de encima y avancé.
Entramos en la vivienda de Antonio que mostraba una entrada clásica - como cabía esperar - entre mármoles, granitos y cuadros de indudable calidad y sentido del equilibrio. A la derecha, el salón principal muy iluminado y elegante en tonos blanquinegros daba la sensación de una compensada construcción que definía la meticulosidad y sentido del orden del dueño de la misma.
Subimos a la planta superior siguiendo los pasos de Nené con su característico movimiento pesado y tranquilo, indicaba – así - el poco trabajo que íbamos a tener para salvar vida alguna o apresar al sospechoso. Las escaleras en mármol blanco se subían con facilidad de dos en dos y, en el despacho del juez, a la izquierda del pasillo superior entre muebles indianos de Teca, o de una madera similar,  vimos sobre el escritorio la terrible escena. El juez tenía amputado el brazo derecho - como la mujer de Juan Bravo, como el tipo del 93 - y reposaba sobre un expediente ensangrentado con un disparo en la cabeza.
  • ¡Joder!- Exclamó Michel visiblemente impactado por la escena- ¿Esto que cojones es?
  • Esto” es el caso a que nos enfrentamos, Michel. Nené, separa la silla de la mesa – ordené de modo imperativo.
  • Pero..., no debemos mover el cadáver - recordaron Michel y Edy al unísono, haciendo gala de un aprendizaje muy académico del tratamiento de los turbios asuntos.
  • En este caso sí, Edy, ya sabemos el patrón del asesino y la causa de la muerte, lo hemos visto hoy por la mañana en Juan Bravo. Si no comprobamos quién está muerto sobre el escritorio. ¿qué estamos haciendo aquí? Acabaremos comentando cosas no comprobadas y se montará un lío del carajo. - Corregí sobre la cruda realidad de la vida de un policía, Edy y Michel estaban muy verdes. Pero era mejor así, pues peor sería que nada les extrañara. Es mejor partir de un comportamiento inicial ético que justo lo contrario.
Nené empujo con suavidad la silla hacia nosotros sujetando el hombro izquierdo del juez para que no se desplomara hacia delante sino que cayera levemente sobre el respaldo. Esto dejaba al descubierto el pecho donde la cruz en forma de aspa desde los hombros hasta el vientre arrojaba luz sobre el grado de maldad del crimen cometido.
El corte profundo hecho con un arma específica, capaz de matar sin necesidad de un disparo, nos hacía concluir que el asesinato era anterior a la amputación y a la realización del aspa sobre el pecho del individuo, una amputación “post morten” que confirmaba el carácter ritual del crimen cometido.
Al caer el cuerpo sobre el respaldo de la silla, la cabeza giró hacia atrás mostrando el rostro rígido, pálido y aterrorizado de la víctima.
  • ¡Joder!- exclamé- ¡No es el Juez Vera! Edy, avisa cuanto antes a Alonso que acaban de matar al mismo asesino de Idoya, la mujer de Juan Bravo..., y de la misma manera con que ella fue asesinada.
  • Pero entonces, estamos más perdidos de lo que creíamos. - Exclamó Nené con cierta lógica
  • Esto es una locura que se escapa de toda lógica; necesitamos la documentación del individuo, mira en los bolsillos de la chaqueta y de los pantalones que tengo que hacer unas cuantas llamadas.
Después de quince o treinta minutos de espera aparecieron Juan Goñi, Ana Allen y el Jefe Alonso. La pregunta que todos nos hacíamos era qué era lo que teníamos ente manos, pues la muerta de Juan Bravo cuyo asesino parecía haber sido asesinado en la casa de un Juez que decía tener información relevante para el caso, parecía un rompecabezas de difícil anclaje.

El Juez Goñi estaba visiblemente descolocado, con el rostro desencajado y mirando para todas partes como tratando de buscar explicaciones a la escena de espanto, sangre y vísceras del despacho de su amigo. Los focos de la tragedia enfocaban a su rostro y nuestras miradas se hicieron inquisidoras de sus gestos mientras nuestros oídos esperaban sus primeras palabras. El contenido y el tono empleado al hablar iba a ser fundamental.
Vera no contestaba a ninguna de nuestras llamadas mientras Goñi permanecía inquieto y callado...


Continuará

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